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  • Alberto Monje

Noche Sin Paz

Una película de Tommy Wirkola, director y guionista noruego con antecedentes como Kill Buljo (2007), una parodia a Kill Bill (2003); Zombies Nazis (2009) y Zombis Nazis 2: Red Vs Dead (2014); Hansel y Gretel: cazadores de brujas (2013) y quizás lo más rebuscado, ¿Qué le pasó a Lunes? (2017). Un estilo cargado a la acción desenfrenada y un terror absurdo, coronados con imágenes sangrientas o gore y lleno de variadas y espectaculares formas de asesinar a alguien.

Producida por David Leitch, responsable de las John Wick (2014 y 2017, respectivamente), Atomic Blonde (2017), Dead Pool 2 (2018) y Rápidos y Furiosos: Hobbs & Shaw​ (2019); ya te da una idea clara de cómo viene esto: acción y entretenimiento garantizado.




Si este cóctel te abre el apetito, entonces Noche Sin Paz (2022), o Violent Nigth en su idioma original, será un buen regalo de navidad. Vulgaridad, hiperviolencia y acción desatada, matizada con toques de ternura y “magia de navidad”, todo encausado hacia una moraleja archi típica de los cuentos navideños, pero oportuna en el contexto de la sociedad en la que vivimos: la del consumo frenético y exacerbado, que es justamente todo lo que esta película navideña nos ofrece, en forma y en fondo también. Aunque hablamos de una versión más o menos novedosa de una historia de navidad, porque es como si recibieras un regalo que combina un poco de todos los regalos: autito a control remoto, miembros de muñeca, lanza aguas, plasticina, bloques de construcción, ruedas de bicicleta, piezas de rompecabezas, luces y ruiditos… de todo un poco, sí. Pero que también es un poco mucho. Muy en la línea de la cultura del entretenimiento actual. Al final, el que mucho abarca poco aprieta y en este caso uno sabe que aun cuando hay un poquito de todo, el resultado es extraño, confuso y no cierra completamente. Por supuesto, se debe mencionar la crítica explícita y directa, no tan profunda, pero sí muy clara al consumismo ridículo y desbocado. Casi dos horas de un absoluto sin sentido que termina por completarse como una historia más o menos coherente y divertida.

Con la esperable buena participación David Harbour, Jim Hopper en Stranger Things (2016), haciendo de Hopper, pero con traje rojo y barba blanca. En una versión más cargada al alcoholismo en principio, pero con más encanto, empatía hacía los niños y una ternura que lo hace brillar junto a la más pequeña de esta historia. Junto al bueno de John Leguizamo, Benny Blanco en Carlito’s Way (1975), interpretando al villano Mr. Scrooge; una Alexis Louder a la altura con los pocos momentos que tiene para desplegarse y por último la encantadora participación Leah Brady interpretando a la niña Trudy Lightstone que, como ya hemos dicho, en compañía de Harbour consiguen un extraño encanto que hace a la historia brillar de magia y ternura por momentos. Con certeza, un buen reparto que destaca como uno de los pilares de la película.

La historia va de un Papá Noel (el verdadero) deprimido, cansado y harto de los “pequeños adictos” que son los niños de hoy, incapaces de creer en la magia y concentrados solo en el siguiente regalo. En tener más, mejor, más y siempre más. Por otra línea, una familia disfuncional en la que padres recién separados hacen el esfuerzo de juntarse para llevar a su hija Trudy a pasar la que se espera sea, como siempre, una terriblemente desagradable noche de navidad en casa de la ultra millonaria, poderosa y grosera abuela paterna, Gertrude (Beverly D'Angelo).

Una vez en la mansión, se desencadena el lenguaje crudo, la ironía constante y se exacerba el humor negro ya instalado desde el comienzo. En circunstancias de una cena navideña a todo lujo y ostentación, que rápidamente es arruinada por una banda de criminales armados hasta los dientes quienes haciéndose pasar por personal contratado para la fiesta, buscarán robarle a la matriarca los millones de cuestionable procedencia que tiene guardados en una bóveda ultra escondida y asegurada.

Para su mala suerte, Santa Claus se encuentra en plena degustación de galletas navideñas y licor de lujo en la mansión de los Lightstone, cuando Mr. Scrooge inicia la operación robo. Y si bien en un principio, razonablemente la reacción inmediata de Santa Claus es evitarse problemas y escapar del lugar, posteriormente cuando sí tiene la chance de hacerlo, decide quedarse y salvar a esta niña especial que aún cree a ciegas en la navidad.

A esta altura el festival de sangre ya está desatado. Violencia y cuerpos desmembrados van apuntalando una versión más extrema, sobregirada y delirante de lo que hemos visto en Mi Pobre Angelito. Un homenaje más burdo y violento al recordado clásico navideño de los 90. Insisto, todo muy propio de nuestra época. Violencia y sangre a la Tarantino, pero cargado a la comedia. Comedia negra, bien negra.

Otro punto destacable es el argumento del origen y ascendencia vikinga de este Santa Claus que, aunque nunca se termina de explicar bien, de alguna manera da sentido al carácter violento, sanguinario y de valiente guerrero a este viejo pascuero. Mención al trabajo de arte, principalmente en vestuario. Una “linda” historia de navideña emplazada en un pequeño universo mágico, inexistente, burdamente ficticio. Como todo lo que rodea a esta festividad en la sociedad de hoy. La sociedad del consumo.

Quizás lo más curioso y llamativo es que después de tanta decepción y cinismo, la trama termina por invitarnos a seguir creyendo en la magia de navidad, en Santa Claus, en la familia y la fuerza del amor.


Por último y quizás como un punto aparte, no quiero perder la oportunidad de comentar lo inapropiado y peligroso que resulta ver cómo la industria hollywoodense se las arregla para incluir escenas de tortura tan cotidianamente en todo tipo de relatos, formatos, tonos y géneros. Una cosa muy gringa, que no deja de sorprender y a esta altura, honestamente, incomodar. Cabe cuestionarse si es aceptable pasar un asunto así de delicado como humor, en tiempos de negacionismo y ambigüedades o manipulaciones discursivas. Algo similar ocurre a partir del chistesito a lo Mi Pobre Angelito de “un menor defendiéndose con lo que puede y como puede de los intrusos”, pero que en esta historia vuelve a ser un poco mucho… No hace falta adelantar más. Si te encantan las peleas coreográficas, la sangre, el humor negro y vulgar, esta película navideña te dará lo que buscas.

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