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  • Alberto Monje

Pasaje al Paraíso: una historia para disfrutar en familia

Comedia romántica con Julia Roberts, George Clooney y el paraíso de fondo. Una historia ambientada en Bali (pero filmada en Queensland, Australia).



Pasaje al Paraíso, una nueva película de Universal Pictures, del director Oliver Parker (Mamma Mia! Vamos Otra Vez, guionista de El Exótico Hotel Marigold y El Nuevo Exótico Hotel Marigold) y producida por Tim Bevan (La Horas más oscuras, La Chica Danesa) y Eric Fellner (La Teoría del Todo, Los Miserables). Distribuida en Chile por Andes Films, esta comedia romántica cuenta la historia de David (Clooney) y Georgia (Roberts), dos padres ya divorciados que sorpresivamente deben acudir “al rescate” de su hija Lily (Kaitlyn Dever), quien tras graduarse de abogada en Chicago, se encuentra de vacaciones en Bali junto a su mejor amiga Wren (Billie Lourd) y que, repentinamente ha decidido casarse con Gede (Maxime Bouttier), un atractivo joven indonesio dedicado al cultivo y exportación de algas, que vive en una gran comunidad familiar y de quien Lily, se ha enamorado a primera vista.




La película avanza de acuerdo con el plan de ruta: La repetida fórmula de la comedia romántica, donde una pareja dispareja que aparentemente no se soportan, son puestos juntos en un exótico escenario paradisiaco donde parecen encontrar o redescubrir los matices que les permiten acercarse y que los conduce irremediablemente al amor, en esta película vuelve a funcionar. Sosteniéndose principalmente en el encanto y la categoría de dos incombustibles de Hollywood como Roberts y Clooney. Esto, sumado a un conflicto claro que sostiene la historia en que por un lado, los padres de la novia trabajaran juntos en una tregua temporal para impedir que su hija se case de manera precipitada y termine en un matrimonio fallido tal como le pasó a ellos, en contraposición a la familia del novio quienes desde una perspectiva más espiritual y conectada con el aquí y el ahora, ayudarán a proteger y asegurar la realización de este matrimonio en vistas del evidente amor puro que existe entre Lily y Gede; junto con personajes indonesios locales mayoritariamente en clave comedia que ponen en evidencia los contrastes culturales entre occidente y oriente sobre todo en términos valóricos y de cómo hacer sociedad, además de paisajes hermosos que a ratos te hacen sentir que estás de viaje o en un tour; y por último, comedia de guerra de géneros (femenino v/s masculino) con diálogos sarcásticos y rápidos, todo basado en la archi conocida historia del matrimonio que se ve tentado a darse una segunda oportunidad, pese a que este mismo ha fracasado rotundamente en el pasado.


Para agregar, tal vez desde una mirada más personal, destaco el espíritu de entretención familiar que persigue la película: humor, modelos de familia que contrastan y moralejas o aprendizajes, que si bien pueden ser por momentos demasiado livianos, de igual forma se percibe como una historia para disfrutar en familia, que incluso puede dar luces o herramientas a padres, hijes o en cualquier relación humana afectiva, respecto a cómo podemos y debemos abordar y expresar conflictos, diferencias, anhelos, temores y frustraciones, es decir, nuestras emociones profundas y atávicas.



Otro punto aparte es el detalle de dónde fue realizada la película. Ya está dicho, ambientada principalmente en Bali, pero filmada en Australia, da cuenta de un modelo de producción que de alguna manera se condice con el universo narrativo y conceptual que resulta de la película. Que ocurre supuestamente en Bali, Indonesia, y de hecho se vale de las creencias, características y tradiciones supuestamente de este territorio para construir personajes, anécdotas y peripecias que forman parte del relato, pero al mismo tiempo no se hace parte del lugar al utilizar locaciones que se pueden parecer a algo, pero que no lo son realmente. Esto no es nuevo y sabemos que responde a criterios de producción, economía y consumo. Pero también, que reproducen lógicas de extractivismo colonial que también vemos operar en otros ámbitos de la sociedad, permitiéndonos observar claramente que hay pueblos, territorios o personas, con mayor relevancia y visibilidad que otros. Dicho de otra forma, hay algunos que tienen mayor validez que otros. Cabe preguntarse luego, ¿De qué manera les retribuye esta producción a las personas de Bali o al país, pensando en términos tributarios por ejemplo? o ¿Cómo perciben las personas de Bali la representación que otros hacen de ellos? ¿Se sentirán identificados? ¿Se sentirán validados? ¿Se sentirán utilizados? ¿Es esto relevante, a la hora de “elegir” un medio de entretención o consumo? Respecto a esto mismo, se me ocurre una analogía con el turismo de resorts en parajes exóticos, donde uno puede ir a entretenerse, descansar y consumir experiencias placenteras, sin siquiera relacionarse con la gente local ni el territorio. Del avión al taxi, del taxi a la habitación de hotel, de la habitación a la piscina, de la piscina al bar, y finalmente de vuelta al avión. Cabe preguntarse también, ¿De qué manera le retribuye el resort a la gente local o al territorio donde se emplaza? o ¿Cómo perciben las personas que trabajan allí las representaciones de su propia cultura y territorio? ¿Se sentirán identificados? ¿Se sentirán validados? ¿Se sentirán utilizados? ¿Es esto relevante, a la hora de “elegir” dónde y cómo disfrutas de tus merecidas vacaciones? Pero todo esto quizás, ya es harina de otro costal.

Son las claves de una película liviana y por momentos demasiado superficial, pero que de igual manera es entretenida y disfrutable. En este mismo sentido y en consideración de la conservadora apuesta, quizás sería injusto esperar más profundidad o novedad de una película que va a la segura con una fórmula ya probada. Aunque también sería injusto decir que Pasaje al Paraíso es un buen ejemplo de una gran comedia romántica comparable a esas clásicas que consagraron y masificaron un género que durante años dominó en la industria del cine, pero que hoy, ya parece ir de salida.


En definitiva, esto es GEORGE CLOONEY y JULIA ROBERTS. Así, con letras grandes y la soltura propia de dos consagrados. Todo lo demás, son personajes, anécdotas, escenarios de fondo y un poco de comedia física al servicio de la entretención en torno a estas dos estrellas. Agítese antes de consumir, ojalá que el envoltorio sea reciclable (si no, no importa) y vamos ya a lo siguiente.

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